El último viajero: Cuando el mundo entero era un destino exclusivo
La maleta de cuero de Alistair (1887) contenía el turismo de élite: un mundo exclusivo de vapores lentos y Grand Tours . Su privilegio, separado por una cubierta del viaje de los emigrantes, se agrietó con el ferrocarril de Thomas Cook y se hizo añicos con el jet. El horizonte, antes un lujo, se democratizó: la secretaria ahorró para Barcelona , el pescador español convirtió su casa en hostal. El turismo mutó de ritual de estatus a industria global de experiencias compartidas. Hoy, el bisnieto de Alistair reserva una treehouse en Bali con un clic. La esencia—la curiosidad, el asombro—permanece, pero ya no es un tesoro guardado bajo llave en una maleta de cuero, sino un mosaico infinito de rostros, lugares y conexiones al alcance de (casi) todos. El viaje definitivo fue de la exclusividad al acceso. La maleta de cuero de Alistair Worthington olía a aventura y a solvente. Era 1887, y dentro de sus correas de latón reposaba un pasaporte lleno de sellos exóticos, un diario encuadernado ...